<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><rss version="2.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/" >
<channel>
<title>sanae </title>
<link>http://sanaeviviana.nireblog.com</link>
<description> </description>
<pubDate>Sat, 21 Nov 2009 12:53:21 -0400</pubDate>
<image>
<title>sanae </title>
<url>http://static.nireblog.com/imagenes/logo.png</url>
<link>http://sanaeviviana.nireblog.com</link>
</image>
<generator>http://nireblog.com</generator>
	<item>
	<title>notecia del dia</title>
	<link>http://sanaeviviana.nireblog.com/post/2008/07/31/notecia-del-dia</link>
	<guid>http://sanaeviviana.nireblog.com/post/2008/07/31/notecia-del-dia</guid>
		<description><![CDATA[<p><img id="image364358" alt="images11.jpg" src="http://sanaeviviana.nireblog.com/blogs4/sanaeviviana/files/images11.jpg" align="middle" class="imgcentro" /><img id="image365025" alt="noticias del dia" src="http://sanaeviviana.nireblog.com/blogs4/sanaeviviana/files/eldeber.gif" align="middle" class="imgcentro" />René Tarifa abre despacio la puerta de vidrio. Inclina la cabeza blanca a modo de saludo y camina hasta el bloque de periódicos del día. Son las cinco de la tarde y en las oficinas de EL DEBER las secretarias contestan un bombardeo de llamadas, los clientes buscan un espacio del diario para publicar sus avisos, las teclas arrancan su ruido plástico y la caja registradora reproduce su lamento metálico a cada instante.<br />
Ajeno a todo el bullicio, René Tarifa sigue su lento andar. Llega a la fila de periódicos y observa el matutino del día, mira la tapa con detenimiento. Apoya los codos en el mostrador y empieza su lectura. Hoja tras hoja, todas las letras del periódico EL DEBER se escurren tras los ojos del lector de 74 años.<br />
De lunes a sábado, René Tarifa repite su rutina de lectura. Admite que no puede vivir sin leer y dice que los domingos su hijo René se encarga de llevarle el diario, para que no deje pasar un día sin saber de las noticias.<br />
De apariencia frágil, andar lento y sonrisa tímida, el infatigable lector cuenta que llegó de la ciudad del Illimani hace un año, luego de que su esposa lo dejó viudo.<br />
Allá tenía un negocio de venta de repuestos. Afirma con tristeza que no pudo seguir el ritmo del mercado, y por eso decidió venir a Santa Cruz, luego de que su hijo lo llamó en reiteradas oportunidades.<br />
El hábito de la lectura no es reciente para él. Cuando vivía en La Paz acudía todas las mañanas a la Biblioteca
</p>
<p><a href="http://sanaeviviana.nireblog.com/post/2008/07/31/notecia-del-dia#comments">Comments</a></p>]]></description>
	<pubDate>Thu, 31 Jul 2008 11:06:03 -0400</pubDate>	</item>
</channel>	
</rss>
 
